lunes, 7 de noviembre de 2016

KUROI Y KORAI

Durante el periodo arcaico, más concretamente del siglo VIII al VI a.C, la belleza era buscada a través de la figura humana, donde se pretendía destacar la armonía, la medida y la proporción con el fin de representar la divinidad y con ello obtener un idealismo idealizado.
Además, su principal objetivo era, que por encima de todas las medidas, la naturaleza inspirara la escultura, por lo que observaban todos los aspectos de la figura humana, en especial, la masculina. Sin embargo, sólo tomaban para su arte, aquellos aspectos positivos que después representarían de manera figurativa.

Para situarnos volvemos a la antigüedad, hasta antes del siglo VIII a.C la sociedad griega era eminentemente rural y el principal medio de subsistencia y riqueza se basaba en la tierra. El comercio se realizaba mediante trueques, sin embargo, a finales del siglo VIII se comenzó a usar la moneda, lo que aumentó el comercio, la acumulación de capitales y el fortalecimiento de las ciudades-estado, o polis. No obstante, y así como les sucedía en Egipto a muchos faraones, los pueblos primitivos sentían cierta repugnancia hacia las representaciones figuradas, e incluso desarrollaron una ley o costumbre que prohibía la representación de personajes que no fueran de carácter divino o semi-divino, a no sea que se tratase de héroes. Esta ley a menudo se transgredía y hasta llegó a olvidarse completamente en el siglo V a.C.

Fue en este mismo periodo junto con un carácter religioso, frontalismo  y rigidez muy marcadas, que se crearon las primeras esculturas: las “xoana”. Éstas se formaban de madera y tenían una forma esquemática, con una naturaleza votiva y vinculada a los templos, precediendo a los kuroi y korai, o en su forma singular, kuros, hombre joven y kore, que en español significa, mujer joven.
Kuros es una escultura de un varón joven, así como indica su significado. También fue usado por Homero para denominar a los jóvenes soldados. A su vez, podían ser conocidos como “Apolos” pues pensaban que representaban al Dios. Tienen gran influencia de los egipcios. Estas esculturas tienen lugar, a raíz, de una de las grandes pasiones griegas, que ya no sólo es el teatro, sino también el deporte.

El deporte era su oportunidad de darse a conocer, e incluso de convertirse en héroes, si ganaban carreras como los 100 metros en Olimpia. Ésta estaba marcada por la tradición, y aquellos que venciesen tendrían derecho a erigirse dicha estatua.
Como en el resto de esculturas de la época exenta, su finalidad era, representar  la divinidad o consagrar la imagen de un fiel como una ofrenda a los dioses. Ambos representaban la perfección, el canon, la juventud y la virtud, aunque entre los kuroi y las korai existen diferencias significativas.

Los kuroi son esculturas de atletas, hombres jóvenes y rudos. El hecho de su desnudez deportiva llega a convertirse en un acto social que se relaciona con hombres libres y se terminará usando como elemento de autoconciencia racial y cultural de la unicidad de los griegos, y esta desnudez es lo que le lleva a la perfección y es lo que le diferencia del bárbaro, del esclavo y de la mujer. Los primeros kuroi estaban hechos de madera, lo que con el aumento de la talla del mármol a lo largo del siglo VI, cambió, para empezar a ser representados en mármol. Estaban esculpidos para ser vistos de frente, como sucedía en el modelo egipcio, lo que se explica en su utilidad, que se basaba en situar dichas esculturas en nichos o ábsides. A través de esto, se ve claramente la ley de frontalidad, en la que el cuerpo queda dividido en dos mitades simétricas, pero libres en su movimiento, lo que permite distintos planos en brazos y piernas, sin que se quebrante la simetría desde el frente. Es una figura exenta de bulto redondo con un tórax excesivamente abombado y un abdomen muy reducido, lo que resulta desproporcionado, y deja entre ver, la dificultad que aún suponía esculpir las diferentes características de la anatomía masculina. Son esquemáticos, de inmovilidad grotesca y rigidez marcada, dispuesta desde los convencionalismos.

Están posicionados de pie, de forma que los brazos quedan pegados al cuerpo y con los puños cerrados, característica que facilitaría su mantenimiento con el paso del tiempo. Las caderas, hombros y brazos presentan simetría en contraposición a las piernas, en las que una de ellas se sitúa de manera adelantada intentando reflejar el movimiento. En sí, es una figura un tanto inexpresiva, no sólo por su rostro, sino por la realización de los músculos y articulaciones a lo largo del torso y piernas, pero la parte superior es la más notoria. Su cara no expresa ningún tipo de sentimiento, pero si se aprecian los ojos almendrados, labios cerrados con el superior levantado, lo que da lugar a una sonrisa mecánica que se denomina sonrisa etrusca o arcaica; es un rasgo convencional que se ha interpretado de diversas formas, entre ellas, el fin de representar a alguien vivo queriendo mostrar un bienestar o alternativamente, un sentimiento de felicidad a través de la ignorancia, así como el agradar a los Dioses a través de esa sonrisa.

Una de las características que más se han desarrollado a través de los periodos es la forma del pelo, muy pegado al cuero cabelludo, con muy poco volumen y en forma de trenzas, además de su longitud hasta los hombros o un poco más largo, además de la presencia de una cinta, cuya utilidad servía para recoger el sudor durante las actividades que éstos atletas llevaban a cabo.
La evolución de la escultura, de las técnicas y de los diferentes escultores, se ha visto claramente reflejada en las diferentes esculturas, como en el kuros de Sounion que se trata de una enorme escultura realizada en mármol cuya altura supera los tres metros. Se estima que fue realizada a finales del siglo VII a.C. Se denomina así por su descubrimiento en las proximidades del cabo Sunión, una zona cercana a Atenas donde se han encontrado numerosos vestigios de la civilización griega antigua. A mediados del siglo VI a.C, destaca el kuros de Tenea, también llamado, Apolo de Tenea fue esculpido por algún artista de los talleres de Corinto, y estaba ubicado como monumento funerario en la tumba de un joven griego fallecido prematuramente. Otro que también destaca es el Efebo de Kritios, también conocido como Muchacho de Kritios, es una escultura de un joven atleta que data del año 480 a. C. y que no tiene un autor conocido, aunque se le atribuye a veces a Kritios, artista ateniense de la Antigua Grecia, por el parecido de la cabeza a las cabezas de sus esculturas y porque esta obra lleva su nombre.

Una kore es una escultura de la época arcaica, que consiste en una escultura femenina exenta de bulto redondo y realizada en mármol que se encontraba de pie, y cuya versión masculina son los kuroi. Así mismo, como los anteriores, tienen gran influencia de la escultura egipcia, sobretodo su frontalidad, rigidez corporal e inexpresividad. Sin embargo, la forma que se le da al material es menos tosco que en las egipcias. A diferencia del kuros, éstas siempre estaban vestidas, en muchas ocasiones con un “peplo” que consiste en una túnica femenina de forma rectangular y grandes pliegues doblada en dos para cubrir el cuerpo y luego cosida, dando aspecto de tubo cilíndrico. Sin embargo, estos pliegues resultaban artificiales y faltos de naturalidad debido a la dificultad en su representación, lo que dará lugar a ser uno de los aspectos que más evolucionará con el tiempo. Respecto a la posición de los brazos, encontramos una diferencia significativa. La kore suele tener un brazo erguido a partir del codo, con forma de ofrecimiento, y en cuya mano puede sostener un objeto votivo, que es un objeto dejado en un lugar sagrado por motivos rituales.
El rostro sigue siendo inexpresivo, ojos almendrados y sonrisa estereotipada o etrusca que no da sensación de ser el retrato de una persona real. El pelo tiene poco volumen, y da sensación de artificial, casi pareciendo una peluca. La estatua se encontraba pintada, la piel de color blanca y los vestidos y ropajes de colores fuertes y brillantes, con las que se intentaba obtener mayor realismo y expresividad.
Las korai representan sacerdotisas por lo que se encontraban en tumbas y santuarios, además dofrenda votiva a los dioses, además es en estas en las que se puede ver claramente los cambios en los vestidos, los tocados y la pérdida gradual de simetría y rigidez.

Más tarde se realizaran figuras más naturalistas que nos dejan percibir el movimiento del cuerpo, la representación de las formas bajo los vestidos y una mejor representación de los músculos.


En conclusión, un retrato sirve para prolongar la permanencia, y en cierto modo, eternizar la vida del ser que representa.






















                                                                      María José Lagunas Hernández

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