lunes, 15 de mayo de 2017
NOCHE ESTRELLADA
LA NOCHE ESTRELLADA – VINCENT VAN GOGH
"Mirar
las estrellas siempre me hace soñar"
Vincent
van Gogh, para quien el color era el símbolo principal de expresión, nació
el 30 de marzo de 1853 en Holanda. Hijo de un pastor, criado en una atmósfera
religiosa y refinada, Vincent era muy emocional y no tenía confianza en sí
mismo. Entre 1860 y 1880, cuando decidió finalmente ser artista, Van Gogh había
tenido dos amores inadecuados e infelices y había trabajado sin éxito como
empleado en una librería, vendedor de arte, y predicador en Le Borinage. Se
quedó en Bélgica a estudiar el arte, dedicado para dar felicidad creando
belleza. Las obras de este período temprano en Holanda son pinturas de género muy iluminadas y de tonos sombríos de las que la
más famosa es Los comedores de patatas
(1885). En ese año Van Gogh fue a Antwerp donde descubrió las obras de Rubens y
compró muchos grabados japoneses.
En 1886 fue a París para unirse con su
hermano Theo, el director de la Galería de Goupil. En París, Van Gogh conoció
inevitablemente a Pissarro, Monet, y Gauguin, y empezó a dar más luz a su paleta muy oscura y pintar en las brochadas cortas de los impresionistas. Su
temperamento nervioso le hizo un compañero difícil y las discusiones que
duraban toda la noche, en combinación con pintando todo el día, afectaron a su
salud.
Decidió ir al sur de Arles donde tuvo
la esperanza de abrir una escuela de arte con sus amigos. Gauguin hizo el viaje
a Arles pero el resultado fue un desastre. En el fin de 1888, después de un
incidente, Gauguin tuvo que salir de Arles. Van Gogh le persiguió con una
cuchilla y fue parado por Gauguin, pero se cortó una parte de su propia oreja.
La vida de Van Gogh empezó a alternar entre los ataques de locura y la lucidez
y fue enviado al manicomio en Saint-Rémy para comenzar su tratamiento.
En mayo de 1890, se sentía mucho mejor
y fue a vivir en Auvers-su-Oise bajo el ojo atento del Doctor Gachet. Murió dos
meses después cuando se disparó a sí mismo “por
el bien de todo.” Durante su carrera breve vendió solamente una pintura.
Las obras más finas de Van Gogh fueron producidas en menos de tres años por una
técnica que crecía más y más apasionada en la brochada, en color simbólico e
intenso, en tensión superficial, y en el movimiento y la vibración de forma y
línea. La fusión inimitable de forma y contenido de Van Gogh es poderosa,
dramática, rítmica, imaginativa y emocional. El artista estaba absorto en el
esfuerzo para explicar su lucha contra su locura. Se convertiría en uno de los
artistas más conocidos del mundo. Sus pinturas han tocado a culturas de todo el
mundo, y se convirtió en el arquetipo de "artista torturado."
Van Gogh pintó La noche estrellada en junio de
1889, trece meses antes de su suicidio. Se trata de una obra que se encuadra
dentro del movimiento postimpresionista.
Esta obra nos muestra una vista
nocturna de Saint Rémy. Concretamente es una vista desde la ventana de su
habitación en el manicomio de esta localidad donde se encontraba recluido.
La obra se divide en dos planos diferenciados, separados por
la línea de las montañas. Más de la mitad del cuadro lo ocupa el cielo estrellado siendo el auténtico
protagonista del cuadro. En la mitad inferior del cuadro se observa el pueblo cuyas casas aparecen
representadas con trazos rectos y del que sobresale el campanario puntiagudo,
elemento vertical que rompe la horizontalidad de la composición. En un primer
plano aparecen unos cipreses, tema
presente en los cuadros realizados en este periodo como en su obra Campo de trigo con cipreses, que adquieren
formas ondulantes que se asemejan a llamas, elevándose y uniendo ambos planos.
Las líneas de las montañas del horizonte se ondulan a semejanza del cielo
en una dirección ascendente de izquierda a derecha.
En el cielo observamos como dos espirales se envuelven mientras once estrellas parecen iluminar la
noche. A nuestra derecha, un astro de mayor tamaño de color naranja, quizás la
luna, que parece confundirse con el sol.
La técnica usada por el pintor es el óleo, aplicado en abundancia mediante
la técnica del empaste, con
pinceladas vigorosas y cortas que contribuyen a la fuerza expresiva de la obra.
La gama cromática usada por Van Gogh es fría con predominio de azules,
celestes, verdes y grises, aunque también como contrapunto cromático usa el
naranja y amarillo de las estrellas, colores complementarios al azul dominante
en la obra.
Se observa como el color, la mancha
aplicada con el pincel en pequeñas pinceladas, alargadas y rectas unas veces,
cortas y onduladas otras, sustituye al dibujo de manera que tan sólo algunas
líneas oscuras sirven para dar forma precisamente a los elementos más físicos y
materiales del cuadro, como las casas del pueblo, las montañas o los cipreses.
En esta obra Van Gogh volvía a los temas nocturnos que ya había
representado en ocasiones anteriores, durante su estancia en París y Arlés. Sin
embargo, Van Gogh renuncia a la observación directa y no nos muestra la noche
de una manera realista sino de una manera sentida, vivida por el pintor en un
momento de recaída de su enfermedad mental. Durante la etapa de Saint-Rémy, en
la que pinta este cuadro, Van Gogh se muestra muy sensible al movimiento
presente en su obra a través de dos formas básicas y contrapuestas: la línea curva, de trazo continuo, y las líneas rectas trazadas a base de rayas.
Ambos elementos combinados en su obra transmiten una energía llena de
intranquilidad y tensión.
Así, el pintor nos muestra una imagen
de contraste entre la ciudad, oscura y dormida, tan sólo iluminada por las
tenues luces de algunas casas, representadas por pequeñas manchas horizontales
amarillas, que contrastan con el espectáculo del cielo, donde el movimiento
arremolinado parece adquirir un sentido místico iluminado por las estrellas y
la luna, lleno de energía. Van Gogh parece querer mostramos un universo que no
es estático sino en el que distintas fuerzas parecen luchar entre sí. No hay
calma ni quietud. Este movimiento, en este caso ascendente, también se
transmite en el ciprés, el elemento más oscuro del cuadro, que parece servir de
conexión entre el mundo terrenal y celestial. Frente al movimiento del cielo y
la naturaleza contrasta la quietud y serenidad que transmite el pueblo, como si
Van Gogh quisiera mostrarnos la actitud del hombre, ajena al espectáculo de la
naturaleza.
"Esta mañana vi el país desde mi
ventana mucho tiempo antes del amanecer, con nada más que la estrella de la
mañana, que parecía muy grande".
Durante los años tempranos de su vida
Van Gogh se quería dedicar al evangelismo de los pobres. Muchas personas creen
que este intento religioso se refleja en las once estrellas de la pintura.
En Génesis 37:9. la declaración siguiente dice:
"Y soñó otro sueño más, y les dijo a sus hermanos, y dijo, ‘Miren, yo he soñado un sueño; y, miren, el sol y la luna y las once estrellas me hicieron reverencia‘. "
"Y soñó otro sueño más, y les dijo a sus hermanos, y dijo, ‘Miren, yo he soñado un sueño; y, miren, el sol y la luna y las once estrellas me hicieron reverencia‘. "
Sin
importar si esta inspiración religiosa es verdad o no, lo que sí es cierto es
que la pieza no es la única pintura de la noche estrellada que Van Gogh creó.
Van Gogh estaba orgulloso de una pieza que había pintado más temprano en Arles
en 1888 en la que representó las estrellas reflejándose en el río Rhone. Como La
noche estrellada esta pieza tiene muchas de las mismas cualidades que tiene
La noche estrellada como por ejemplo:
- Las estrellas en el cielo están rodeadas por su propio orbe de luz.
- La reflexión de luz artificial (nueva al período de tiempo) de Arles en el río hace moverse los ojos alrededor de la pintura para que la audiencia sea involucrada visualmente.
Esta obra de Van Gogh muestra como el
autor, recluido y víctima de su enfermedad usa la pintura para mostrar más que
la realidad observable y cambiante, como había sido el motivo de los pintores
impresionistas, su visión de la misma
realidad, alterada por sus sentimientos desbordados. Así, Van Gogh,
partiendo del impresionismo se anticipa a lo que será el expresionismo, como podemos observar en esta extraordinaria obra
hoy día conservada en el MOMA de Nueva
York.
JUGADORES DE CARTAS
A finales del siglo
XIX se desarrollaron varios movimientos que partiendo de los cimientos construidos
en el impresionismo, evolucionaron hacia diferentes estéticas que anticiparon
las corrientes vanguardistas de los inicios del siglo XX. Uno de estos
movimientos es el cubismo, cuyo precursor es Paul Cezanne.
Una de sus obras más conocidas es Los jugadores de cartas, una
serie compuesta por cinco obras sobre el tema de una partida de cartas,
realizada entre 1890 y 1895. Se trata de un óleo sobre lienzo cuya escena
está compuesta por una pareja de hombres que juegan en un interior donde
predomina la simetría, el estudio de los volúmenes y una despreocupación por la
perspectiva.
Paul Cezanne fue un
pintor postimpresionista francés, considerado el padre de la pintura moderna y
precursor del cubismo por su estilo nuevo y radicalmente diferente. En 1857
inició sus estudios artísticos en el L' Ecole Municipal Libre de Dessien. Sin
embargo, al no lograr superar el examen de ingreso volvió a su tierra natal
para dedicarse a la pintura. Enamorado de la pintura de Delacroix, elaboró sus
primeras obras de un estilo romántico suave, dando lugar a su periodo oscuro
(1861-1870) caracterizado por colores oscuros y un intenso uso del negro. Junto
a otros pintores del momento presentó en París una exposición en cuyas obras
domina la luz y el color pero no solo no tuvo éxito social sino que fue motivo
de risas y burlas durante años. Fue entre 1870 y 1878 cuando su estilo volvió a
cambiar, centrándose en el paisaje y el estilo para trabajar al aire libre (en
plein air) de forma rápida y a escala reducida, que consistía en utilizar
pequeños toques de colores puros, sin recurrir a bocetos preliminares ni a
dibujos, dando lugar a su periodo impresionista. Sin embargo, las malas críticas de sus obras y su
aislamiento que le convirtió en un pintor ignorado por el público. Además
tenía un raro carácter que le convirtió en un hombre con pocos amigos. Pero fue
en 1882 cuando el Salón Oficial admitió
una obra suya pero esto tampoco ayudó mucho a su vida artística. Es en el
comienzo del siglo XX cuando sus obras empiezan a cotizarse pero pronto al mismo tiempo su salud empeoró
hasta que falleció en 1906.
Es el último cuadro de esta serie de los jugadores de cartas, el más conocido y valorado de los cuatro
anteriores. Las fuentes de inspiración empleadas por Cézanne posiblemente
fueran los jugadores de cartas pintados por Le Nain y Chardin.
Se trata de una obra figurativa compuesta por dos jugadores
sentados a ambos lados de una mesa sobre la que apoyan los codos. Cézane
representa a estos personajes ajenos a la propia obra, interesados únicamente
en la partida. El espectador se convierte en uno de los frecuentes observadores
que contemplan estas partidas en las tabernas, al situarnos el maestro en un
plano cercano a la escena y no hacer apenas referencias espaciales.
En lo referente a la iluminación, el foco de luz se presenta de forma artificial concentrándose
en la parte central, presentando sombras y, destacando el reflejo blanco de la
botella. La perspectiva no conforma un
papel significativo en las obras de Cézane, definiéndose únicamente mediante
una sencilla ley de proximidad: los objetos más cercanos tapan a los que se
encuentran en un plano más alejado.
Pero sin duda, lo más destacado en la obra es el color y sus trazos. El hombre de la
derecha viste una chaqueta de tonalidades grises amarillentas que tiene su
continuidad en el pantalón de su compañero, vestido éste con una chaqueta de
tonalidades marrones que se mezclan con diversos colores. En general la obra se
compone de colores oscuros que destacan entre sí. El fondo se obtiene gracias a
una mezcla de tonos donde predominan los rojos y negros, en sintonía con la
mesa y el mantel.
Las pinceladas se presentan solitarias y sintéticas (pincelada suelta), como el reflejo
sobre la botella o el simple trazo que describe el ojo del jugador de la
derecha. Las formas recuerdan a
elementos geométricos, pura característica del cubismo, movimiento cuyo
precursor es el propio Cézane. que se caracteriza por tratar las formas de la
naturaleza por medio de figuras geométricas, fragmentando líneas y superficies.
Se adopta así la llamada "perspectiva múltiple": se representan todas
las partes de un objeto en un mismo plano.
La representación del mundo pasaba a no tener ningún
compromiso con la apariencia de las cosas desde un punto de vista determinado,
sino con el conjunto de sus perspectivas. Por ello aparecían al mismo tiempo y
en el mismo plano vistas diversas del objeto: por ejemplo, se representa de
frente y de perfil; en un rostro humano, la nariz está de perfil y el ojo de
frente; una botella aparece en su corte vertical y su corte horizontal. Ya no
existe un punto de vista único. No hay sensación de profundidad. Los detalles
se suprimen, y a veces acaba representando el objeto por un solo aspecto.
A diferencia del impresionismo del que Cézanne parte, en
esta obra prevalece el volumen y la forma sobre la luz, obteniendo ese volumen
gracias al color en estado puro.
Este cuadro de la serie se convirtió en la segunda obra de
arte vendida por más dinero en la historia, con más de 250 millones de dólares
se pagaron por ella. Actualmente se encuentra en el Museo de Orsay, en París.
EN EL MOULIN ROUGE
En el Moulin Rouge de Toulouse Lautrec
" No puedo, no puedo y tengo que hacerme el sordo y darme de cabeza contra la pared -sí- y todo eso por un arte que huye de mí y que nunca entenderá todo el mal que por él me he echado encima... " Henri de Toulouse-Lautrec.
La imagen que tenemos de París se debe en buena parte al pintor y artista gráfico albigense Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Con sus grabados, pósteres, pinturas y dibujos, el artista inmortalizó la vida nocturna de la Belle Époque y sitúo el barrio de Montmartre, en el norte de París, en el mapa global de los epicentros creativos y hedonistas. Hijo de la nobleza francesa, Lautrec se sintió atraído desde muy joven por los ambientes más mundanos, con una inclinación especial por las salas de fiesta, los cabarés y los burdeles de Montmartre. Sus modelos eran afamadas bailarinas y cantantes, en especial una, Jane Avril. Y sus obras retratan animadas escenas en plena actuación u otras secuencias entre bambalinas, así como tranquilos y tiernos retratos como En el sofá y En la cama.
Su estilo y su técnica nos revela a un artista sensible y observador de la condición humana. Todas sus obras realizadas en una amplia gama de estilos y técnicas despertó una gran admiración entre el público. Su obra, a pesar de su vida breve y marcada por su enfermedad fue muy amplia. El catálogo publicado en 1971, enumera 275 acuarelas, 737 cuadros, 369 litografías (incluidos los carteles) y unos 5000 dibujos, estas cifras son impresionantes para una carrera que sólo duró quince años hasta que falleció debido al alcoholismo y la sifilis que padecía. El artista dominaba tanto el grafismo audaz, algo patente en los carteles promocionales de Jane Avril, como los bosquejos poco definidos pero muy evocadores. Toulouse Lautrec dejó un legado cultural inconmensurable. Sus obras recorren un universo de cantantes, bailarinas, músicos y prostitutas, de la mano de un artista dotado de gran empatía, una habilidad figurativa sorprendente y una sensibilidad única para captar la energía y las historias propias de una ciudad.
En sus primeros retratos se muestra a un hombre joven que se mira timidamente en el espejo. Se muestra a sí mismo como parte de esa naturaleza muerta, fruto de la pesada herencia de su pasado. El joven esconde su cara entre las sombras, como si no se atreviera a mostrarla, ni siquiera a sí mismo, una clara prueba de inseguridad personal y su escepticismo, como si estuviera preguntándose: ¿Es la pintura mi camino?; ¿Podré lograrlo?; ¿Qué es lo que pasa con mi cuerpo?; ¿Por qué me torturan estas piernas deformes y esta cara cada vez más horrible? El individuo que se plantea todos estos interrogantes a través de su retrato, está al comienzo de un incomparable camino que lo llevará a ocupar un puesto entre los grandes de la historia del arte. Henri de Toulouse-Lautrec: de la protección de la nobleza al desbridado mundo de la farándula parisina.
-"¡Pensar que nunca habría pintado si mis piernas hubieran sido un poco más largas!"- Se repetía constantemente Lautrec después de haber conocido el que sería su nuevo hogar: El cabaret del Moulin Rouge, en Montmartre, el corazón de la bohemia de Paris. Como el decía: "¡ Siempre escucho burdel ! ¿ Y qué ? En ningún sitio me siento más en casa ".
Es entre 1892 y 1895 cuando Lautrec pinta su cuadro En el Moulin Rouge. Éste es uno de los mayores lienzos pintados de Lautrec y está dedicado al templo de ocio principal de París en el fin de siglo. No deja de ser una estampa familiar, puesto que recoge alrededor de una mesa a varios amigos del pintor: a la izquierda está el barbudo Edouard de Jardin hablando con la bailarina Macaroni; frente a él, vemos a Paul Sescau y Maurice Gilbert; Jane Avril aparece de espaldas, destacando su brillante pelo rojizo; al fondo se sitúa La Goulue, retocándose el moño junto a su compañera Môme Fromage. A continuación destaca la pequeña figura de Toulouse-Lautrec acompañado por su primo Tapié de Céleyrand. En primer plano, iluminado su rostro desde abajo para conseguir un aspecto fantasmal, se encuentra la bailarina May Milton. Posiblemente esta zona del lienzo fue añadida en 1895 cuando Henri conoció a la artista. La influencia de la fotografía y de la estampa japonesa (de la misma manera que hacía Degas) va haciéndose notar cada vez más en el arte de Lautrec. Curiosamente, repite el esquema compositivo de obras anteriores como el Baile en el Moulin de la Galette, con la diagonal característica, colocando a las figuras en diferentes planos para crear sensación de profundidad. Toulouse-Lautrec está interesado en mostrar una imagen de modernidad a través de sus escenas de cabaret o prostitución. Quizá por eso su preocupación por la luz y el color - que tanto interesan a los impresionistas - pasa a un segundo plano, llamándole más la atención las figuras, sus expresiones y actitudes. No obstante, se obstina con que el interior evoque una atmósfera insalubre mediante una extraña luz verde. Esta idea de espacio lugúbre se acentúa mediante diferentes líneas, tales como la silueta curva de La Goulou al retocarse el pelo, el collar de la capa de Avril y el contorno de la manga de Milton. Estos contrastes de líneas con las diagonales fuertes de la barandilla y los tablones, que se apresuran hacia adelante, hacia el espectador potencian el humor animado de este Moulin Rouge, así como crea un auténtico drama visual.
Se trata de un óleo sobre lienzo, en él, el firme dibujo vuelve a ser la característica definitoria de Toulouse-Lautrec, aunque también muestra gran interés por el color, especialmente por las tonalidades oscuras a las que añade tonos pastel y otros más claros que aportan mayor alegría al conjunto. El tema de esta obra está representado con espiritú cómico, sin embargo, hay una nota de melancolía más alla del humor, de desencanto y en especial de desesperación. Es la muestra de un prostíbulo en el que Toulouse Lautrec no se amarga, y trata el tema con simpatía, pero tampoco se hace ilusiones con respecto a la vida.
Lautrec poseía un ojo avezado para reproducir la vida tal como se vivía, para él todos son iguales... el intelectual, el caballero de sombrero de copa, el obrero, la chica de servicio, la mujer galante... Él pintaba la realidad tal y como la veía, y le era imposible no encontrar la magia en los aspectos horribles que observaba, él descubría la emoción en aquellos detalles que nadie antes había admirado:" He intentado ser veraz y no falsificar ensueños. Tal vez sea un error, pero me es imposible dejar de ver las verrugas; conscientemente las hago más grandes, les agrego pelos desagradables, y les pongo algún pico brillante. No sé si usted pueda controlar su pluma, pero cuando mi lápiz se mueve, tengo que dejarlo correr si no ... ¡plumps! se acabó". Él veía el mundo de las diversiones nocturnas no solo con los ojos de su propia sociedad, sino desde el punto de vista de una persona que ya ha superado las diferencias de clase y sus barreras. El artista describe lo que ve, sin la arrogancia de creerse socialmente superior, creando así cuadros de ambiente realista y verdaderos estudios de carácter. Es por eso que con sus pinturas muestra los aspectos más ocultos de una civilización burguesa, que daba rienda suelta al vicio y al placer.
Más que un pintor, Henri es un cronista de su tiempo que emplea los pinceles en lugar de la pluma.
Toulouse-Lautrec por su tara física, se consideraba excluído del mundo aristocrático y burgués; la repugnancia por la vida y las enfermedades le hacían buscar refugio entre los explotados y los marginados. Él, El maestro de Montmartre que en un primer momento se pensó incapaz de adentrarse en este mundo tan fortuito como es el arte, fue el pionero en retratar todos aquellos lugares tan oscuros y esenciales en la historia de París, y es que, en la ciudad de la luz, aún se sigue respirando la filosofía de Henri Toulouse Lautrec: La vida es un cabaret.
" Me impresionaba siempre la forma en que Lautrec cambiaba el tono de su voz cuando se discutía de arte. Él, que era tan cínico en otras ocasiones y de conversaciones morbosas, se ponía de pronto totalmente serio. Para él era una creencia religiosa." Edouard Vuillard.
Tarde de Domingo en la Grande Jatte de Seurat
Tarde de domingo en la
isla de la Grande Jatte
Obra creada
por Georges Pierre Seurat (1859-1891) en 1884-1886. Pintor neoimpresionista. Fue
exhibido por primera vez en el Salón de los Independientes de París en 1886,
donde causó una gran sensación. Actualmente se sitúa en el Instituto de Arte de
Chicago, Chicago, Estados Unidos. El lienzo mide 2,06m x 3,07m. Los personajes del primer plano
son de tamaño natural. Para realizar la obra de óleo sobre lienzo, el autor
desarrolló una técnica dentro del movimiento post-impresionista, llamada
puntillismo.
Esta técnica
consiste en aplicar sobre el lienzo, no trazos ni pinceladas, sino pequeños
puntos de colores primarios que combinados y mirados a cierta distancia forman
la imagen y el colorido deseados por el artista. Seurat es uno de los mejores representantes de esta
técnica.
Seurat nació
en París bajo el techo de una familia rica, por lo que pudo centrarse en el
arte. Fue un niño tranquilo e inteligente. Cuando tenía 20 años cuando visitó
la cuarta exposición impresionista. Dejó de ir a la escuela de bellas artes y al
terminar el servicio militar, alquiló un estudio. Pintó, sobre todo, en el
exterior pequeños bocetos. Estaba influido por Delacroix, Renoir y Millet entre otros. En 1883 envió dos
dibujos al salón y le aceptaron uno, esa primavera dibujó y pintó a orillas del
Sena varios estudios preparatorios de una obra de gran tamaño. “Un baño en Asnieres” fue rechazado por
el salón en 1884, Seurat con un grupo de pintores rechazados inauguró el primer
“salón de los independientes”, donde conoció a Paul Signac, un gran amigo suyo.
Esta obra fue el primero de los 6 grandes cuadros que realizaría el artista. La
obra fue expuesta de nuevo en diciembre con varios bocetos nuevos, los de la
futura “Tarde de domingo en la isla de la
Grande Jatte”. La Grande Jatte es una isla estrecha y larga del Sena. A
mediados del siglo XIX la zona se convirtió en un centro de recreo, por lo que
atraía a los pintores, incluido Seurat. Murió en París en 1891 a causa de la
difteria, con 31 años de edad.
“Tarde de
domingo en la isla de la Grande Jatte” es un óleo sobre lienzo considerada una
de las pinturas más relevantes del siglo XIX. En este se representa un parque
situado a la orilla del río Sena, en el agua varias embarcaciones y bajo los
árboles numerosos personajes y algunos animales. Una escena fugaz, típica del
impresionismo. Seurat pasó 2 años pintando el cuadro (realizó 38 bocetos al
óleo y 23 dibujos preparatorios), concentrándose en el paisaje del parque. Se
sentaba a menudo en los jardines y hacía un gran número de bocetos de las
distintas figuras. En el cuadro se perciben casi 40 figuras, la mayoría de
perfil o totalmente de frente. Son figuras estáticas y congeladas, próximas
unas a otras, pero sin comunicación entre ellas.
La
composición del cuadro es asimétrica y se distinguen 3 grandes áreas: el río
Sena, el parque iluminado y la zona más
próxima al espectador, la cual, permanece en sombra.
El punto de
fuga de este cuadro se encuentra en el horizonte, entre los árboles. Puesto que
allí es donde convergen todas las líneas de fuga.
El tema ha
despertado cierta polémica por su significado, puesto que algunos investigadores
han interpretado el cuadro como una crítica a la hipocresía de la Francia de
finales de siglo. Pues las mujeres que pescan en la orilla serían prostitutas y
los militares que se acercan desde el fondo serían sus clientes. La mujer que
aparece en primer plano sería otra prostituta, pero, al ir cogida del brazo de
un hombre conseguiría disimular su condición. Sujeto por una correa pasea un
mono capuchino, muy de moda en la época, y que se interpreta asociado a la
libertad de la actitud de la dueña. Lo más probable es que esta mujer fuera una
mantenida, pues parece la amante del hombre del monóculo que la lleva de paseo
a un parque. También nos encontramos en primer plano con un remero que está
fumando tumbado en la hierba, justo detrás, vemos que hay una pareja de aspecto
elegante. Al fondo se observa a una anciana bajo una sombrilla, acompañada de
su enfermera, a quien reconocemos por la vestimenta. El resto de las figuras van
vestidas con su traje de domingo, la mayoría de las mujeres van elegantes junto
con un corsé y un sombrero.
Como fue su
primera obra puntillista, los colores todavía parecen mezclados para conseguir
los medios tonos, algo que en obras posteriores dejará de hacer. En las zonas
iluminadas por el Sol predominan el naranja y el amarillo, mientras que en las
zonas con sombra los azules, verdes y violetas.
Finalmente fue
expuesto por primera vez en la octava exposición colectiva del grupo
impresionista, en 1886. Esta obra sorprendió en gran medida al público.
Como
curiosidad destaca la doble sombra del árbol de la izquierda, si observamos los
bocetos originales se puede ver que detrás de este hay situado otro árbol, pero
en la versión definitiva este queda tapado. Por lo que solo se ve su sombra.
En
conclusión es una gran obra dónde, aunque a primera vista parece transmitir un
ambiente de paz y tranquilidad en una tarde de verano. Nada es lo que parece.
Otras grandes obras del autor serían: “El circo”, “Pescando en el Sena” y “Detalle
de La Parade”.
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